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Examen de selectividad curso 2012/2013 - Lengua castellana y Literatura

TEXTOS PERIODÍSTICOS

TEXTO Nº 13

 

¿Qué hizo Spanair con los pasajeros atrapados, por la mala fe de sus directivos, en los aeropuertos de medio mundo? Pues ofrecerles hojas de reclamaciones. No bocadillos ni bebidas ni hoteles ni biberones para los bebés, no, solo hojas de reclamaciones, seguramente llenas de casillas con preguntas indescifrables, quizá con el test de Rorschach adjunto. La hoja de reclamaciones devenía así en la última de una serie de burlas y atropellos que comenzaron al adquirir un billete falso, pues se estuvieron vendiendo billetes falsos hasta poco antes de la muerte súbita de la compañía. Las hojas de reclamaciones tienen un tacto suave, como el del papel higiénico, porque quienes las ponen en circulación las utilizan para limpiarse el culo. España está en estos momentos llena de hojas de reclamaciones y de culos. Los políticos, cada vez que nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, nos están enseñando el culo, a veces nos lo enseñan al tiempo de limpiárselo con sus programas electorales. Estamos hartos de culos y de hojas de reclamaciones, casi se agradece cuando, por variar, nos hacen una peineta, como la de Aznar en la universidad de Oviedo. ¿Te engaña tu operadora telefónica? Hoja de reclamaciones. ¿Te estafa tu banco? Hoja de reclamaciones. ¿Te tima tu agencia de viajes? Hoja de reclamaciones. ¿Te estabulan en el pasillo del hospital? Hoja de reclamaciones, mire, yo soy un mandado, es todo lo que puedo hacer por usted. Y llevan razón, son unos mandados a punto de quedarse en el paro, nunca hubo tantos mandados dando la cara que ocultan los que mandan ni tantas hojas de reclamaciones ni tantos culos ni tantas peinetas. Hasta los señores del Tribunal Supremo, tan serios y oscuros todos ellos, le están cogiendo el gusto a levantarse la toga y mostrarnos sus partes en un gesto de burla, perra vida.

TEXTO Nº 12

Procopio está preocupado. Ha perdido la memoria. No se acuerda de lo que pasó el miércoles en el Bernabéu, ni quién dio a quién un pisotón en la mano ni por qué ni para qué. No acierta a recordar qué clase de actividad deportiva se estaba practicando ni cuál era el propósito de tantas patadas dadas, ni el nombre de quién las daba, con o sin balón. Menos aún recuerda aquella Copa que el año pasado era un preciado trofeo y este año ya no. Barrunta que, a lo mejor, se cayó de un autobús y se abolló.

Procopio está tan preocupado que casi piensa en pareado. Tiene además la sensación de vivir en un país en el que se premia la corrupción. La otra noche, sin ir más lejos, soñó con una jauría de jueces feroces que, togas al viento, perseguían a uno de los suyos para crucificarle desnudo por intentar averiguar lo que todos sabemos.

A la mañana siguiente, el deprimido Procopio asumió con gregaria resignación que los árbitros y los jueces tienen siempre razón, hagan lo que hagan y digan lo que digan, por injusto, absurdo y estúpido que nos parezca al común de los mortales. Lo sospechoso del caso es que estos magistrados, habiendo estudiado lo mismo, tengan criterios tan diferentes. Pero lo que de verdad preocupaba a Procopio no era la estulticia, ya glosada por Erasmo, sino la pérdida de memoria que ponía en solfa su proverbial erudición balompédica, así que acudió, sin cita previa, a la consulta de una psicóloga paranormal, argentina para mayor redundancia, llamada Georgina Tres Catorce Dieciséis por sus matemáticos desvaríos y más conocida como Gina Pi.

 

TEXTO Nº 11

Partir es morir un poco. Dejar atrás la familia de uno, los amigos de uno, el barrio de uno, la ciudad de uno... Decidirlo. Cargar la maleta. Cerrar las puertas de la casa de uno (si es que tiene) para abrir otra (si es que la consigue) de la que aún no se tiene llave. Decir basta y marchar voluntariamente y/o por necesidad. Hay mil razones ahora en España: por falta de trabajo, de oportunidad, y hasta por desilusión y decepción sociopolítica. "El país propio deja de ser de algún modo el país apropiado, deja de ser opción", dice Mónica Muriana, periodista, aquí retratada junto a su joven familia, pensando ya en abandonar el lugar en que vive.

Y uno se va. Las ilusiones perdidas, titulaba Concha Caballero, profesora de literatura y exportavoz de IU en el Parlamento andaluz, un artículo en EL PAÍS: "No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adónde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. 'Mi hija está en Berlín', 'Se ha marchado a Montpellier', 'Se fue a Dubai', son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país".

Nuevos exiliados. Como las personas que aparecen en estas páginas. Y muchos otros. Jóvenes y no tanto. Un goteo desde que comenzó la crisis que no tiene número concreto.

 

TEXTO Nº 10

 

 

La noche es la oscuridad, la amenaza, un mundo no controlado por la razón, y todos los niños la temen. Llega la hora de acostarse y, a causa de ese temor, no quieren quedarse solos en sus camas. Es el momento de los cuentos, que son un procedimiento retardatorio. Quédate un poco más, es lo que dicen los niños a los adultos cuando les piden un cuento. Y el adulto, que comprende sus temores, empieza a contárselo para tranquilizarles. Muchas veces improvisa ese cuento sobre la marcha, pero otras recurre a historias que ha escuchado o leído hace tiempo, tal vez las mismas que le contaron de niño los adultos que se ocupaban de él. En esas historias todo es posible, que los objetos vivan, que hablen los animales, que los niños tengan poderes que desafían la razón: el poder de volar o de volverse invisibles, el poder de conocer palabras que abren las montañas, el poder de burlar a gigantes y brujas y de ver el oro que brilla en la oscuridad de la noche. Lo maravilloso hace del mundo una casa encantada, tiene que ver con el anhelo de felicidad. El adulto quiere que el niño que ama sea feliz y ese deseo le lleva a contarle historias que le dicen que es posible encontrar en el mundo un lugar sin miedo. Son historias que proceden de la noche de los tiempos. Han pasado de unas generaciones a otras, y se mantienen tan sugerentes y nuevas como el día en que fueron contadas por primera vez. El que narra, escribe Walter Benjamin, posee enseñanzas para el que escucha. La enseñanza de La Bella y la Bestia es que hay que amar las cosas para que se vuelvan amables; la de La Bella durmiente que en cada uno de nosotros hay una vida dormida que espera despertar alguna vez; la de La Cenicienta, que lo que amamos es tan frágil como un zapatito de cristal, y la de Hansel y Gretel que hay que tener cuidado con los que nos prometen el paraíso, con frecuencia esas promesas son una trampa donde se oculta la muerte.

 

 

 

  1. Resumen del texto
  2. Comentario crítico personal
  3. Indica qué significado tienen en el texto las siguientes palabras o expresiones: amenaza, sobre la marcha, desafían, casa encantada.
  4. Análisis morfológico de: Quédate un poco más, es lo que dicen, hay que tener cuidado
  5. Análisis sintáctico:
    1. La noche es la oscuridad, la amenaza, un mundo no controlado por la razón.
    2. Muchas veces improvisa ese cuento sobre la marcha.

 

TEXTO Nº 9

 

A la hora de desechar por viejos a un par de zapatos piensa qué será de ellos si van a parar cada uno a un distinto contenedor de basura, después de haber pasado juntos toda la vida. Ante el destino aciago que los ha separado, los zapatos viejos suelen llorar cada uno por su lado al recordar que un día calzaron a aquel niño salvaje que trepaba por los árboles; a aquel chaval nervioso que daba patadas a los botes en la calle camino del colegio; a aquel chico enamorado que los lustraba para ir a bailar con la novia a las verbenas; a aquel joven inconformista que siempre iba detrás de una pancarta equivocada; a aquel recién casado que durante el paseo en las tardes desoladas de domingo los arrastraba en silencio junto a su mujer tirando de un carrito de bebé; a aquel señor metido en política que tuvo que pisar innumerables charcos; a aquel anciano melancólico que renunció a ellos cuando ya no podía atarse los cordones si no era blasfemando. La historia de cada persona puede ser escrita a través de los zapatos que ha calzado a lo largo de los años: aquellos que dejó en el balcón la noche de Reyes; o aquellos de dos tonos, blancos y color café, con rejilla, de hortera; o las botas rudas de excursionista buscador de setas; o los mocasines de tafilete con dos borlitas, de lechuguino; o los últimos con las suelas pintadas de negro betún de Judea con los que cualquiera será enterrado. El alma se le baja a uno hasta los pies al caminar y gracias a que queda atrapada en los zapatos, no se pierde en la calle a merced de cualquier perro sarnoso que quiera pasarle la lengua después de olisquearla. Uno siempre es responsable de los zapatos que calza y a partir de ellos, como si fueran raíces llenas del fermento de la tierra, el individuo se desarrolla. Subiendo por las piernas, las caderas y las vísceras se puede llegar al alma de cada persona, que suele ser de la misma calidad de piel y de una horma parecida. En la memoria están todos los zapatos que uno ha llevado, los indómitos, los flexibles, los dóciles, los correosos, según las sucesivas etapas psicológicas de una vida. Los zapatos que uno desecha, si van a parar a un basurero distinto, se llevan también el alma dividida. Y allí puede que recuerden con orgullo o desprecio al individuo que los calzó un día.

 

 

  1. Resumen del texto
  2. Comentario crítico personal
  3. Indica qué significado tienen en el texto las siguientes palabras: lustrar, pancarta, hortera, lechuguino, horma.
  4. Análisis morfológico de: que uno ha llevado, los indómitos, si van a parar a
  5. Análisis sintáctico:
    1. La historia de cada persona puede ser escrita a través de los zapatos
    2. Uno siempre es responsable de los zapatos

TEXTO Nº 8 PARA COMENTAR

 

Soy del Barça desde mi infancia. En la adolescencia supe que ser del Barça era un pasaporte a la melancolía. Ahora sé, en mi madurez, que no hemos ganado nada: a pesar de todo, seguimos siendo aficionados melancólicos de un club grande. Pensamos siempre en lo peor, aunque nuestro equipo esté en la cúspide. Ahora, hoy, el Barça juega un gran partido, el Clásico, frente al Real Madrid. Un partido de Liga, un encuentro serio pero circunstancial, pues queda mucha Liga por delante. Pero lo afrontamos, como me decía ayer una joven y muy inteligente amiga barcelonista en Barcelona, con miedo, con la sensación recurrente de que nos va a ir mal; nos ha pasado siempre, nos seguirá pasando. Y, por supuesto, nos pasará hoy. Pero ayer por la mañana, mientras viajaba a Barcelona en tren, tuve una especie de revelación que me tranquilizó mucho: la revelación de que hoy la figura de Cesc va a resultar decisiva. Por supuesto, para bien. Y esa afirmación sobre la evidente calidad del ultimo futbolista que ha venido al club me dejó una inmensa sensación de alivio que me dura aún. Y es raro, porque estas sensaciones a los aficionados al Barça nos suelen durar lo que la luz de una vela cuando está apagada. En fin, esperemos, pero esperemos ganar, naturalmente. 

TEXTO Nº 7 PARA COMENTAR

TEXTO Nº 7  PARA COMENTAR

Pero, volviendo a las ovejas, ¿está realmente erradicada la incultura en España? ¿Son eficaces las campañas de animación en museos, auditorios y teatros? ¿Toda la gente ha vivido alguna vez la experiencia de un concierto, una representación o un recital de poesía? Francamente, lo dudo. Ahora que se habla tanto de lo que fue la cultura del ladrillo, la cultura del pelotazo, o la cultura del ocio, la otra cultura, la de toda la vida, parece relegada a algo poco menos que inservible e inútil; algo para unos pocos, raros ellos, que dicen que se conmueven con un arpegio, con el énfasis de una pincelada o con un verso primoroso. La cultura es para los que tienen cultura, parece decirse; a los demás no les hace falta. El asunto es complicado. Sobre todo cuando adviertes que la base de la cultura, en mi opinión, está en el saber, o los saberes, es decir, en el conocimiento. Que un tertuliano de emisora destacada, hombre de cultura cabe pensar, no le importe repetir la muletilla del 'de que' (creo de que el Estado debe hacer...), o que un conocido presentador no sepa, en el fragor de un concurso televisivo, que 'La vida es sueño' transcurre en Polonia (en Polonia no puede ser, aseguraba, será en el País Vasco), o que el hijo de un famoso cantante, famoso cantante también él, no haya oído en su vida la palabra 'remolacha' y, por consiguiente, no sepa su significado, anima a pensar en que si algo no tenemos los españoles es cultura del conocimiento. Sabemos lo que sabemos, y poco más. Poco. Escasea la curiosidad por aprender, por indagar en aquello que no nos enseñaron pero que parece interesante, por abrir libros o periódicos. La encuesta de lectores de periódico, la última que me ha llegado, es espeluznante. Leemos muchísimo menos que los escandinavos, que están a la cabeza de todo lo que suponga cultura, mal que nos pese. Claro que alguien dirá que todavía leen menos los italianos y portugueses. Quien no se consuela...

TEXTO Nº 6 PARA COMENTAR

TEXTO Nº 6  PARA COMENTAR

El inglés abre muchas puertas. Ay, la frasecilla. Aquellos que no recibimos una buena enseñanza de idiomas en el colegio, o sea, casi todos los españoles, y que crecimos en la época “pre-Erasmus”, o sea, la generación del BUP que disfruta a día de hoy de una espléndida madurez, vivimos con ese mantra comiéndonos la oreja. El inglés abre muchas puertas. Lo decía el otro día con mucha sensatez el catedrático Pablo Salvador Cordech en este mismo periódico, que la modernización de la universidad española pasa, entre otras cosas, porque alumnos y profesores conozcan esta herramienta internacional. También los presidentes debieran manejarse al menos en lo básico, para no quedarse encasquillados en el simpático “Everyday, Bonsai” con el que Zapatero dio la bienvenida a Schroeder y Chirac, o en el “Estamos trabajando en ello”, que Aznar pronunció en perfecto español con acento tejano. Y que conste que nunca les agradeceré lo bastante que me prestaran estas dos muletillas que tan socorridas me vienen resultando en mi vida diaria: cuando me pongo frente al ordenador cada mañana para escribir una columna, me digo a mí misma, “everyday bonsai”, y cuando los redactores de este suplemento me reclaman el artículo, les escribo, “estamos trabajando en ello”, aunque no sé si están de humor para leerlo con el correcto acento de rancho tejano. Con el tiempo, Aznar ha progresado adecuadamente: ya no solo habla inglés con Bush en la intimidad, también lo hace en foros públicos americanos donde, con relativa soltura, se explaya sobre cómo los socialistas han hundido España. Haciendo patria. En cuanto a Zapatero, va a tener mucho tiempo para darle al "everyday bonsai", e imagino que en León habrá academias espléndidas. Yo he probado todos los sistemas. Incluso los que precisaban de teatrillo para, en teoría, desinhibir al alumno, aunque generalmente provocaban el efecto contrario. Ya conté una vez (lo repito porque es bueno) que en una ocasión me sacaron a la palestra con un tal Vicente, empleado de banca, que no sé por qué me tocaba siempre de pareja. Vicente, además de no ser un hacha para los idiomas, era un hombre tímido. El profesor, entusiasta, nos pidió que nos imagináramos que íbamos en una barca del Retiro un domingo por la mañana y que charláramos. Vicente y yo empezamos a remar con nuestros remos invisibles, pero como si fuéramos unos novios antiguos vigilados por una carabina, enmudecimos y pasamos un minuto interminable remando sin hablar. El profesor, atónito, nos recordó que el ejercicio no era exactamente mímico. En fin, después de muchos años remando, finalmente, aprendí a hablar, no estudiando, sino, permítanme la insoportable vulgaridad, en la universidad de la calle. Ahora sólo conecto el canal de Vaughan System porque dicho señor Vaughan tiene mucho morbo. Sí, el inglés abre puertas, o mejor dicho, hace que algunas no se te cierren.