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Examen de selectividad curso 2012/2013 - Lengua castellana y Literatura

TEXTOS PERIODÍSTICOS

TEXTO Nº 5 PARA COMENTAR

TEXTO Nº 5  PARA COMENTAR

 

Nuestro planeta navega por el espacio a 30 kilómetros por segundo; las galaxias se devoran unas a otras con una voracidad inexorable; los minerales instalados en nuestro cuerpo se crearon en una estrella a miles de años luz y llegaron a este planeta a causa de una formidable explosión cuando esa estrella se convirtió en una supernova; este perro mundo es un grano de polvo perdido en la Vía Láctea poblado de idiotas que dicen usted no sabe con quién está hablando; dentro de los neutrones y protones que componen el núcleo del átomo están los quartz y debajo de los quartz, tal vez, habita la nada, donde podría anidar el pájaro de la vida.

Este vértigo cósmico ya se ha instalado en la conciencia humana. Es también una forma de volar. A caballo de esta realidad ahora las redes sociales, Twitter, Facebook, los correos electrónicos, mediante impulsos digitales, obligan a la historia a devorarse cada mañana a sí misma, aunque haya mucha gente que no se ha bajado del pollino todavía. Todos los días la historia cambia de decorado como si la revolución mundial se estuviera realizando en la pista de un circo.

El problema consiste en que la humanidad está hoy neuróticamente sometida a una doble velocidad: mientras la Tierra gira a 30 kilómetros por segundo, en cualquier mezquita, sinagoga o iglesia hay líderes espirituales que imparten todavía doctrinas fosilizadas desde la Edad Media; mientras cualquier chaval superdotado, desde una habitación de Nueva Zelanda, puede meterse en el sistema financiero y desestabilizar la Bolsa de Nueva York con solo darle a una tecla del ordenador, hay héroes, los Punset mediáticos, que después de hablar de redes neuronales en televisión anuncian pan Bimbo; mientras el mercado de capitales impone cada día su irremediable codicia sobre los ideales de la política, hay patriotas con espíritu nacional o nacionalista que no ven más allá de su nariz un futuro como Dios manda. Todo lo que nos rodea, la política, la economía, el bien y el mal, la locura humana ya son planetarios. Ningún problema tiene solución si esta no es también planetaria. Ante este vértigo cósmico, ¿qué pintan dos políticos discutiendo cara a cara y prometiendo cosas si ignoran que la historia puede reventar bajo su pies mañana?

Texto nº 4 para comentar

Texto nº 4 para comentar


 

Una vez más el informe PISA sobre la educación señala que los adolescentes españoles no entienden bien lo que leen. Una vez más la interminable letanía de declaraciones de representantes políticos, sociólogos y pedagogos.

¿Cuándo nos vamos a centrar de una vez y plantear las cosas en sus términos? Yo lo repito una y otra vez en el departamento de Lengua del instituto en el que trabajo: ni Unamuno, ni Antonio Machado, ni Alberti, ni García Lorca, ni seguramente el último Nobel de literatura, Vargas Llosa, perdieron el tiempo en la adolescencia estudiando la jerga de monemas, morfemas, lexemas, sintagmas, paradigmas, códigos, con que nosotros mareamos a los quinceañeros españoles. Posiblemente, estos escritores tendrían problemas para aprobar algún examen de los que aún se ven en nuestros institutos. No hay nada más que hojear cualquier texto de Lengua Castellana de ESO y Bachillerato para darse cuenta de que no hacen nada más que repetir los mismos conceptos año tras año.

Los adolescentes terminan hartos de sujetos, predicados, simples, compuestas, adjetivas y adverbiales. ¿Por qué no nos limitamos a dar, cuando corresponda, uno o dos cursos de gramática en condiciones, dejando, así, de repetir año tras año la misma copla y nos centramos después en leer, comprender y redactar?

Hace ya años que Luis Landero dijo que un alumno español puede ser capaz de descomponer un editorial de cualquier periódico en todas sus oraciones, simples o compuestas, decirnos si son sustantivas, de relativo o adverbiales propias o impropias, pero que posiblemente si le preguntamos por la posición del editorial ante el problema que se plantea se quede en blanco. Pues en esas estamos. Oscilando entre sesudos análisis oracionales-textuales y triviales lecturas "juveniles".

 

Texto nº 3 para comentar

Texto nº 3 para comentar

 

¿Por qué las bolsas de basura tienen que ser tan feas? La firme relación entre continente y contenido, entre el signo y el significado, definía significativamente el paradigma de otra época. Las cacerolas eran negras porque el fuego las tiznaba. No tenían color puesto que, de antemano, eran recipientes que tratarían directamente con la carbonización del fuego.

La coherencia entre este negro y su misión, su signo y su significado, se repetía en los trajes del burgués del siglo XIX, cuyo color de luto hacía alusión a su rutina, su ordenación y la religiosa presencia de la muerte.

El orden, la falta de sorpresa, las clavadas virtudes como ferramentas, se correspondían con la oscuridad de su vestimenta. Igualmente, las máquinas de escribir de tantas oficinas adónde no se iba sino a teclear documentos jurídicos, comerciales o penitenciarios, estaban cubiertas de negro que si, de una parte, era señal de autoridad (como la ropa en los curas, los jueces, los antiguos árbitros de fútbol), de otra, era magnificación de lo sagrado.

Las esquelas negras, siempre muy negras, presentaban esta relación con lo muy serio y hasta mortalmente serio. El color habría sido inconveniente y escandaloso en ese mundo donde la seriedad y la austeridad venían a ser sinónimo de honradez y en donde la honradez se plasmaba en el fosco vestir de los políticos, los magistrados, los viajantes o las grandes personalidades de la ciencia.

La carga de su responsabilidad compactaba su masa en la marca del color negro. O lo que es lo mismo, en la ausencia de cualquier luz que pusiera en cuestión, con su rayo de libertad, el universo de la corrección, la ética del correccional y la estética del sacrificio.

Pero ahora ¿por qué las bolsas de basura tienen que ser negras? No lo son sino prolongando ideológicamente, inercialmente, la vieja ecuación que relaciona el contenido al continente, su contenido, en este caso, maldito con su significativa coloración de detritus.

Texto nº 2 para comentar

Texto nº 2 para comentar

Ayer por la tarde estuviste a punto de matarme. Cabrón. Un descuido trágico puede tenerlo cualquiera, por supuesto. Pero ése no fue tu caso. Tomaba tranquilamente una curva cerca de mi casa, a poca distancia del puente de piedra y el bar de Marcelino, y apareciste de frente con tu Seat Ibiza negro -creí ver que estaba tuneado, pero no me dio tiempo a confirmarlo-, a más de cien kilómetros por hora en un lugar señalizado para sesenta. Ignoro el motivo de que pisaras la continua. Quizá la música que tal vez llevabas a toda pastilla te ponía caliente, haciéndote perder el sentido de la realidad de las cosas.

 Quizá atendías por el teléfono móvil una llamada de tu churri, o estabas presionando el encendedor del coche para encender un pitillo. Puede ser, también, que la velocidad excesiva te hiciera perder un instante el control en la curva; aunque imagino que, tal como eres, esto último no lo admitirías nunca. Igual que tus coleguis y todas tus perras castas, tonto de mierda, te consideras un virtuoso del volante y rey indiscutible de esas carreteras por las que siempre circulas por encima del límite, pegado al guardabarros del coche inmediato y adelantando por la derecha.

 El caso es que ayer por la tarde, figura del asfalto, pasaste más de un metro la continua y me viniste encima por el morro. Te encontré de pronto delante, tan cerca que tuve ocasión de ver tu careto: unos treinta años, cara de cenutrio bajuno, pelo muy corto y flequillo engominado en forma de cresta. Para resumir, uno de esos pavos que tecleas en Google las palabras macarra, bajuno y poligonero, y salen tu foto de carnet y la de la madre que te parió. Te asustaste, confiésalo, porque pegaste un volantazo mientras chirriaban tus neumáticos; y entre eso y mi desesperada maniobra para eludirte hubo tiempo de que volvieses a tu carril, pasando a dos metros de mi faro izquierdo.

 Te fuiste de rositas, supongo que a la misma velocidad, en busca de otro a quien endiñársela. Dejándome con una doble frustración, fruto del primer impulso: no tener veinte años y la seguridad necesaria para dar la vuelta al coche y perseguirte hasta la primera gasolinera, y no llevar en el maletero una escopeta con plomos del doce. Ahora, en frío, me alegro de que no se diera ninguna de esas circunstancias; pero el reconcome de la frustración sigue dándome retortijones en la memoria. Por eso te dedico esta página.

 

(Análisis morfológico de las palabras en "negrita")

Texto nº 1 para comentar

Texto nº 1 para comentar

 

Hay mañanas en las que todos los periódicos se parecen. Los carcas, los amarillistas, los beatos y los socialdemócratas. Todos ellos, tan habituados a discrepar en titulares y fotos de portada, en ocasiones se dan la mano en el empeño de señalar lo que ha sido una fecha histórica. Son mañanas felices esas en las que los directores de uno y otro signo, de su padre y de su madre, escorados a la izquierda, al centro o a la derecha, se ponen de acuerdo en que hay un acontecimiento que sobresale por encima de todos los demás. Todos los periódicos parecían iguales la mañana siguiente al asesinato de Kennedy, al de Martin Luther King, a la caída del muro de Berlín, al atentado de las Torres Gemelas, al de los trenes de Atocha, la liberación de Ortega Lara, la muerte de Franco, el golpe de Tejero, la llegada a la Luna, el terremoto en Japón, el triunfo de Obama, la invasión de Irak, el ahorcamiento de Sadam Husein, el trío de las Azores, la ministra embarazada pasando revista a las tropas, el No a la guerra, la acampada de los indignados, la huelga de profesores, y, por supuesto, la mañana de este jueves pasado, en la que los periódicos, saltándose barreras ideológicas y estúpidos orgullos locales, se pusieron de acuerdo para ofrecer a sus lectores el indescriptible baile de la duquesa de Alba después de un sí quiero que se pronunció, como dicen las revistas del ramo, en la más estricta intimidad. Seamos precisos: no todas las fotos de portada fueron iguales. En honor a la verdad, tenemos que distinguir entre las imágenes en las que aparece la duquesa bailando con manoletinas y aquellas otras en las que, rompiendo con las reglas del estricto protocolo, se las quita y deja a la vista dos entrañables tiritas en los dedos del pie que vienen a simbolizar, según he leído, el espíritu libre de esta duquesa del pueblo. No hablo por hablar (o desde la ignorancia), hablo por boca de los expertos. Les he leído que entre los méritos de la duquesa está el de acumular más títulos nobiliarios que nadie, ¡toma ya!; que la Reina se tendría que inclinar ante ella, ¡eso es mucho!; que podría bailar rumbas (con o sin manoletinas) por toda España sin tener que pisar un solo metro de tierra que no fuera suyo, ¡hala!; que tiene palacios por un tubo y obras de arte como para parar un tren, ¡qué fuerte!; que posee una colección de joyones que supera a la de la reina de Inglaterra, pero que a ella le pierden a la par que la humanizan las baratijas de mercadillo, ¡viva la campechanía! He leído que Sevilla la adora, que ella adora a Sevilla, y a los toreros y a los gitanos, porque tiene alma de zíngara; he oído con estas orejas que se han de comer la tierra los gritos de la muchedumbre enfervorecida gritándole ¡guapa, guapa! Esa masa entusiasta