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Examen de selectividad curso 2012/2013 - Lengua castellana y Literatura

PREPARANDO LA LECTURA DE

 

La diosa coronada...

¿Qué será esto?

TEXTO Nº 8 PARA COMENTAR

 

Soy del Barça desde mi infancia. En la adolescencia supe que ser del Barça era un pasaporte a la melancolía. Ahora sé, en mi madurez, que no hemos ganado nada: a pesar de todo, seguimos siendo aficionados melancólicos de un club grande. Pensamos siempre en lo peor, aunque nuestro equipo esté en la cúspide. Ahora, hoy, el Barça juega un gran partido, el Clásico, frente al Real Madrid. Un partido de Liga, un encuentro serio pero circunstancial, pues queda mucha Liga por delante. Pero lo afrontamos, como me decía ayer una joven y muy inteligente amiga barcelonista en Barcelona, con miedo, con la sensación recurrente de que nos va a ir mal; nos ha pasado siempre, nos seguirá pasando. Y, por supuesto, nos pasará hoy. Pero ayer por la mañana, mientras viajaba a Barcelona en tren, tuve una especie de revelación que me tranquilizó mucho: la revelación de que hoy la figura de Cesc va a resultar decisiva. Por supuesto, para bien. Y esa afirmación sobre la evidente calidad del ultimo futbolista que ha venido al club me dejó una inmensa sensación de alivio que me dura aún. Y es raro, porque estas sensaciones a los aficionados al Barça nos suelen durar lo que la luz de una vela cuando está apagada. En fin, esperemos, pero esperemos ganar, naturalmente. 

TEXTO Nº 7 PARA COMENTAR

TEXTO Nº 7  PARA COMENTAR

Pero, volviendo a las ovejas, ¿está realmente erradicada la incultura en España? ¿Son eficaces las campañas de animación en museos, auditorios y teatros? ¿Toda la gente ha vivido alguna vez la experiencia de un concierto, una representación o un recital de poesía? Francamente, lo dudo. Ahora que se habla tanto de lo que fue la cultura del ladrillo, la cultura del pelotazo, o la cultura del ocio, la otra cultura, la de toda la vida, parece relegada a algo poco menos que inservible e inútil; algo para unos pocos, raros ellos, que dicen que se conmueven con un arpegio, con el énfasis de una pincelada o con un verso primoroso. La cultura es para los que tienen cultura, parece decirse; a los demás no les hace falta. El asunto es complicado. Sobre todo cuando adviertes que la base de la cultura, en mi opinión, está en el saber, o los saberes, es decir, en el conocimiento. Que un tertuliano de emisora destacada, hombre de cultura cabe pensar, no le importe repetir la muletilla del 'de que' (creo de que el Estado debe hacer...), o que un conocido presentador no sepa, en el fragor de un concurso televisivo, que 'La vida es sueño' transcurre en Polonia (en Polonia no puede ser, aseguraba, será en el País Vasco), o que el hijo de un famoso cantante, famoso cantante también él, no haya oído en su vida la palabra 'remolacha' y, por consiguiente, no sepa su significado, anima a pensar en que si algo no tenemos los españoles es cultura del conocimiento. Sabemos lo que sabemos, y poco más. Poco. Escasea la curiosidad por aprender, por indagar en aquello que no nos enseñaron pero que parece interesante, por abrir libros o periódicos. La encuesta de lectores de periódico, la última que me ha llegado, es espeluznante. Leemos muchísimo menos que los escandinavos, que están a la cabeza de todo lo que suponga cultura, mal que nos pese. Claro que alguien dirá que todavía leen menos los italianos y portugueses. Quien no se consuela...

FUNCIONES SINTÁCTICAS


TEXTO Nº 6 PARA COMENTAR

TEXTO Nº 6  PARA COMENTAR

El inglés abre muchas puertas. Ay, la frasecilla. Aquellos que no recibimos una buena enseñanza de idiomas en el colegio, o sea, casi todos los españoles, y que crecimos en la época “pre-Erasmus”, o sea, la generación del BUP que disfruta a día de hoy de una espléndida madurez, vivimos con ese mantra comiéndonos la oreja. El inglés abre muchas puertas. Lo decía el otro día con mucha sensatez el catedrático Pablo Salvador Cordech en este mismo periódico, que la modernización de la universidad española pasa, entre otras cosas, porque alumnos y profesores conozcan esta herramienta internacional. También los presidentes debieran manejarse al menos en lo básico, para no quedarse encasquillados en el simpático “Everyday, Bonsai” con el que Zapatero dio la bienvenida a Schroeder y Chirac, o en el “Estamos trabajando en ello”, que Aznar pronunció en perfecto español con acento tejano. Y que conste que nunca les agradeceré lo bastante que me prestaran estas dos muletillas que tan socorridas me vienen resultando en mi vida diaria: cuando me pongo frente al ordenador cada mañana para escribir una columna, me digo a mí misma, “everyday bonsai”, y cuando los redactores de este suplemento me reclaman el artículo, les escribo, “estamos trabajando en ello”, aunque no sé si están de humor para leerlo con el correcto acento de rancho tejano. Con el tiempo, Aznar ha progresado adecuadamente: ya no solo habla inglés con Bush en la intimidad, también lo hace en foros públicos americanos donde, con relativa soltura, se explaya sobre cómo los socialistas han hundido España. Haciendo patria. En cuanto a Zapatero, va a tener mucho tiempo para darle al "everyday bonsai", e imagino que en León habrá academias espléndidas. Yo he probado todos los sistemas. Incluso los que precisaban de teatrillo para, en teoría, desinhibir al alumno, aunque generalmente provocaban el efecto contrario. Ya conté una vez (lo repito porque es bueno) que en una ocasión me sacaron a la palestra con un tal Vicente, empleado de banca, que no sé por qué me tocaba siempre de pareja. Vicente, además de no ser un hacha para los idiomas, era un hombre tímido. El profesor, entusiasta, nos pidió que nos imagináramos que íbamos en una barca del Retiro un domingo por la mañana y que charláramos. Vicente y yo empezamos a remar con nuestros remos invisibles, pero como si fuéramos unos novios antiguos vigilados por una carabina, enmudecimos y pasamos un minuto interminable remando sin hablar. El profesor, atónito, nos recordó que el ejercicio no era exactamente mímico. En fin, después de muchos años remando, finalmente, aprendí a hablar, no estudiando, sino, permítanme la insoportable vulgaridad, en la universidad de la calle. Ahora sólo conecto el canal de Vaughan System porque dicho señor Vaughan tiene mucho morbo. Sí, el inglés abre puertas, o mejor dicho, hace que algunas no se te cierren.

 

TEXTO Nº 5 PARA COMENTAR

TEXTO Nº 5  PARA COMENTAR

 

Nuestro planeta navega por el espacio a 30 kilómetros por segundo; las galaxias se devoran unas a otras con una voracidad inexorable; los minerales instalados en nuestro cuerpo se crearon en una estrella a miles de años luz y llegaron a este planeta a causa de una formidable explosión cuando esa estrella se convirtió en una supernova; este perro mundo es un grano de polvo perdido en la Vía Láctea poblado de idiotas que dicen usted no sabe con quién está hablando; dentro de los neutrones y protones que componen el núcleo del átomo están los quartz y debajo de los quartz, tal vez, habita la nada, donde podría anidar el pájaro de la vida.

Este vértigo cósmico ya se ha instalado en la conciencia humana. Es también una forma de volar. A caballo de esta realidad ahora las redes sociales, Twitter, Facebook, los correos electrónicos, mediante impulsos digitales, obligan a la historia a devorarse cada mañana a sí misma, aunque haya mucha gente que no se ha bajado del pollino todavía. Todos los días la historia cambia de decorado como si la revolución mundial se estuviera realizando en la pista de un circo.

El problema consiste en que la humanidad está hoy neuróticamente sometida a una doble velocidad: mientras la Tierra gira a 30 kilómetros por segundo, en cualquier mezquita, sinagoga o iglesia hay líderes espirituales que imparten todavía doctrinas fosilizadas desde la Edad Media; mientras cualquier chaval superdotado, desde una habitación de Nueva Zelanda, puede meterse en el sistema financiero y desestabilizar la Bolsa de Nueva York con solo darle a una tecla del ordenador, hay héroes, los Punset mediáticos, que después de hablar de redes neuronales en televisión anuncian pan Bimbo; mientras el mercado de capitales impone cada día su irremediable codicia sobre los ideales de la política, hay patriotas con espíritu nacional o nacionalista que no ven más allá de su nariz un futuro como Dios manda. Todo lo que nos rodea, la política, la economía, el bien y el mal, la locura humana ya son planetarios. Ningún problema tiene solución si esta no es también planetaria. Ante este vértigo cósmico, ¿qué pintan dos políticos discutiendo cara a cara y prometiendo cosas si ignoran que la historia puede reventar bajo su pies mañana?

Texto nº 4 para comentar

Texto nº 4 para comentar


 

Una vez más el informe PISA sobre la educación señala que los adolescentes españoles no entienden bien lo que leen. Una vez más la interminable letanía de declaraciones de representantes políticos, sociólogos y pedagogos.

¿Cuándo nos vamos a centrar de una vez y plantear las cosas en sus términos? Yo lo repito una y otra vez en el departamento de Lengua del instituto en el que trabajo: ni Unamuno, ni Antonio Machado, ni Alberti, ni García Lorca, ni seguramente el último Nobel de literatura, Vargas Llosa, perdieron el tiempo en la adolescencia estudiando la jerga de monemas, morfemas, lexemas, sintagmas, paradigmas, códigos, con que nosotros mareamos a los quinceañeros españoles. Posiblemente, estos escritores tendrían problemas para aprobar algún examen de los que aún se ven en nuestros institutos. No hay nada más que hojear cualquier texto de Lengua Castellana de ESO y Bachillerato para darse cuenta de que no hacen nada más que repetir los mismos conceptos año tras año.

Los adolescentes terminan hartos de sujetos, predicados, simples, compuestas, adjetivas y adverbiales. ¿Por qué no nos limitamos a dar, cuando corresponda, uno o dos cursos de gramática en condiciones, dejando, así, de repetir año tras año la misma copla y nos centramos después en leer, comprender y redactar?

Hace ya años que Luis Landero dijo que un alumno español puede ser capaz de descomponer un editorial de cualquier periódico en todas sus oraciones, simples o compuestas, decirnos si son sustantivas, de relativo o adverbiales propias o impropias, pero que posiblemente si le preguntamos por la posición del editorial ante el problema que se plantea se quede en blanco. Pues en esas estamos. Oscilando entre sesudos análisis oracionales-textuales y triviales lecturas "juveniles".

 

Texto nº 3 para comentar

Texto nº 3 para comentar

 

¿Por qué las bolsas de basura tienen que ser tan feas? La firme relación entre continente y contenido, entre el signo y el significado, definía significativamente el paradigma de otra época. Las cacerolas eran negras porque el fuego las tiznaba. No tenían color puesto que, de antemano, eran recipientes que tratarían directamente con la carbonización del fuego.

La coherencia entre este negro y su misión, su signo y su significado, se repetía en los trajes del burgués del siglo XIX, cuyo color de luto hacía alusión a su rutina, su ordenación y la religiosa presencia de la muerte.

El orden, la falta de sorpresa, las clavadas virtudes como ferramentas, se correspondían con la oscuridad de su vestimenta. Igualmente, las máquinas de escribir de tantas oficinas adónde no se iba sino a teclear documentos jurídicos, comerciales o penitenciarios, estaban cubiertas de negro que si, de una parte, era señal de autoridad (como la ropa en los curas, los jueces, los antiguos árbitros de fútbol), de otra, era magnificación de lo sagrado.

Las esquelas negras, siempre muy negras, presentaban esta relación con lo muy serio y hasta mortalmente serio. El color habría sido inconveniente y escandaloso en ese mundo donde la seriedad y la austeridad venían a ser sinónimo de honradez y en donde la honradez se plasmaba en el fosco vestir de los políticos, los magistrados, los viajantes o las grandes personalidades de la ciencia.

La carga de su responsabilidad compactaba su masa en la marca del color negro. O lo que es lo mismo, en la ausencia de cualquier luz que pusiera en cuestión, con su rayo de libertad, el universo de la corrección, la ética del correccional y la estética del sacrificio.

Pero ahora ¿por qué las bolsas de basura tienen que ser negras? No lo son sino prolongando ideológicamente, inercialmente, la vieja ecuación que relaciona el contenido al continente, su contenido, en este caso, maldito con su significativa coloración de detritus.