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Examen de selectividad curso 2012/2013 - Lengua castellana y Literatura

FEDERICO GARCÍA LORCA :

FEDERICO GARCÍA LORCA :

Introducción - Federico García Lorca (1898-1936)

 

Es, sin duda, el mejor representante de la tendencia teatral de la Generación del 27, además de uno de los principales autores teatrales de la historia de nuestra literatura. De hecho, si hubiera que destacar a un autor de la primera mitad del siglo XX, éste sería García Lorca. Sus obras se siguen representando hoy con el mismo éxito que en los años treinta y los estudios sobre las obras teatrales lorquianas proliferan por todo el mundo. En sus obras teatrales, presta una especial atención al mundo femenino, así como a la frustración amorosa o el amor imposible. En ellas encontramos la influencia de autores modernistas como Villaespesa o Marquina, de los que toma los siguientes elementos:

 

Distribuye el argumento en estampas, es decir, escenas consecutivas que muestran la evolución de los personajes.

Lorca detiene el desarrollo argumental para introducir elementos líricos y pequeños poemas.

El carácter popular de su obra se basa en la ambientación rural que comparten la mayoría de sus piezas teatrales.

La influencia del teatro clásico español es evidente en su obra. De él toma la fusión de la música, la representación, la danza, el arte, etc. Los autores que más influencia ejercen sobre Lorca son Tirso de Molina, Calderón de la Barca y Lope de Vega. Federico García Lorca funda la compañía teatral “La Barraca” en 1931. Formada por estudiantes universitarios, se propone dar a conocer el teatro clásico español en ciudades y pueblos que, habitualmente, no tienen acceso a este tipo de espectáculo. El propio Lorca actúa en algunas de las obras que representan. Esta actividad le hace asimilar e interiorizar las técnicas teatrales de los grandes autores clásicos.

 

Las grandes obras teatrales de G. Lorca son sus tres tragedias rurales, centradas, como ya hemos dicho, en el mundo femenino. La frustración es el hilo conductor de cada una de ellas. Se centran en un mundo rural apegado a las supersticiones, las costumbres ancestrales, las faenas de la tierra y la preocupación por el qué dirán. Bodas de sangre (1933) narra el amor imposible por causas sociales. Yerma (1934) se centra en la frustración por la maternidad insatisfecha de la protagonista. En 1936, muy poco antes de morir asesinado, Lorca termina su gran obra maestra: La casa de Bernarda Alba. Inspirada en un suceso real* (al igual que Bodas de sangre), retoma el conflicto entre la autoridad –representada por la madre: Bernarda Alba– y el ansia de libertad –representada por sus cinco hijas–. Toda la obra se desarrolla en un espacio cerrado y único: la casa familiar, que, simbólicamente, es la cárcel en la que viven las hijas de Bernarda. El código moral impuesto por la madre es la ley por la que se rige toda la familia. Ese código se basa en lo que está bien y en lo que está mal, por encima de la piedad o el amor. El conflicto se desencadena por el amor a Pepe el Romano, un personaje que no aparece físicamente en ningún momento en escena, aunque está presente durante todo el tiempo a causa de las continuas alusiones que hacen las hijas a él: se trata de una obra de mujeres, en la que el elemento masculino siempre está in absentia. Ante esta situación de insatisfacción, Adela, la hija menor, no encuentra otra solución que el suicidio.

 

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*La génesis de la obra tuvo su punto de partida en figuras reales: una tal Frasquita Alba y sus hijas, cuya casa era colindante de la que tenían los García Lorca en Valderrubio (Granada). Pero sólo el genio del poeta pudo crear, a partir de aquéllas, las figuras de Bernarda y sus hijas.

La casa de Bernarda Alba. García Lorca.

a)      Forma:

- Arte en el diálogo.
- Sabor popular en
el lenguaje.
- Presencia de símbolos y metáforas.
- Connotaciones emotivas.
- Unión realidad y
poesía.
- Dimensión poética.
-
Desarrollo de la acción in crescendo, con momentos de máxima tensión y algún instante de distensión.
- Entrada y salidas de personajes.

b)      Contenido
 
- Exageración de una costumbre real.
- Situación límite de
conflicto de fuerzas.
- Tema central: enfrentamiento entre rebeldía y represión.
- Frustración irreparable.
- Plano social:
moral tradicional y presión social.
- Orgullo de la casta y condición de
mujer.
- Significación de la casa y el mundo exterior.
- Bernarda: convicciones morales y sociales, tradicional,
autoridad y poder.
- Hijas: sumisión o rebeldía.
- La Poncia:  rencor contenido.
- María Josefa: abuela, como efecto para agrandar líricamente los
problemas centrales.
- Pepe el Romano: catalizador de las fuerzas. Oscuro objeto de deseo.
- Significación del
realismo poético

“La casa de B. A.” no consiguió estrenarse hasta que Margarita Xirgú lo hizo, en 1945, en Buenos Aires; y mucho después, en el 1964, se representó por primera vez en España.

 

La obra se sitúa en un pequeño pueblo donde, tras la muerte del segundo esposo de Bernarda Alba, ésta obliga a sus cinco hijas a vivir encerradas durante 8 años velando el luto del difunto. Durante esta época, las hijas no podrán hacer otra cosa más que coser. Según Bernarda, a quién sólo le importa el honor de su familia, esto es lo más apropiado para las mujeres de su clase.

El bastón de Bernarda es quizás el símbolo que mejor proyecta la autoridad y dureza con la que gobierna su casa. El drama comienza cuando las hijas de Bernarda se enamoran de Pepe el Romano, un hermoso joven del pueblo, con quien se compromete Angustias, la hija mayor y la más fea de todas, todo gracias a la herencia de dinero y tierras que ésta ha recibido de su padre, el primer marido de Bernarda.

Pero Adela, la más joven de la hermanas, comienza a verse con Pepe el Romano, rompiendo así con la autoridad de su madre. Los celos y los deseos reprimidos de todas las hermanas tendrán terribles consecuencias, ya que se puede deducir que Adela se queda embarazada de Pepe el Romano y pretende fugarse con él de la casa.

El final trágico de la obra es quizás la única solución a la represión de Bernarda: Adela se suicida.

En esta tragedia el lirismo deja paso al realismo. Ya no hay poesía ni canciones sino una prosa severa para describir la envidia, los celos y el odio las hermanas, el desprecio a las sirvientas, su rencor, la hipocresía, la falsa moral y el silencio con el que comienza y termina la obra. La técnica teatral descansa en unos personajes que se mueven sin que se vean los hilos de su conductor, que proyectan tanto su propio sentir como el ajeno, su propia concepción de los hechos. Es como si cada uno viviera su propia vida.

Bernarda es una mujer reprimida y, por tanto, represora, una mujer inculta, sin recursos intelectuales ni experiencias que la permitan salir de las normas que la han inculcado. No conoce otra forma de actuación, y sin ella se pierde. Tiene sesenta años de soledad, de aislamiento, de frustración vital. Es víctima de una sociedad con la cual ella se identifica, una mujer incapaz de pensar, de imaginar y comprender. Representa a la sociedad y, lo mismo que ella, tiene también una férrea voluntad de dominio sobre las personas, un poder absoluto de mandato, llevado al extremo. Personifica la tiranía doméstica, a su vez manifestación de la tiranía social.

El conflicto estalla ante la inhumana opresión del ímpetu juvenil, de las ansias vitales de amor y libertad. Pero las hijas no son las pobres víctimas de una fuerza represora. Son mujeres al igual que Bernarda, incultas e insolidarias, aferradas a una situación cómoda que les permite subsistir sin problemas materiales, que reduce sus inquietudes y limita sus posibilidades. Ningún candado cierra la puerta de la casa; nada les impide marcharse de ella. Sólo el miedo a cambiar, a enfrentarse a otra manera de vivir, de pensar y de actuar. Su única salida es el hombre. El hombre como solución. El matrimonio o la prostitución. Que alguien decida por ellas, que alguien las salve, que alguien las marque el camino. Son víctimas de sí mismas, de su situación y verdugos con las demás, unas con otras.

Los demás personajes de la obra colaboran en este organigrama de víctimas-verdugos, salvo Poncia y María Josefa. Poncia no se calla y se rebela ante lo inevitable, pero atada a una fidelidad equívoca, a una situación material necesitada de Bernarda (sus hijos, ella misma) sin posibilidades reales por su extracto social y sus creencias religiosas. Poncia adivina, espía y aconseja dentro de los blancos muros de la limpísima casa.

María Josefa es libre gracias a su locura, la imaginación atada, la posibilidad perdida, el recuerdo del futuro para cada uno de los personajes. Estéril, pero lúcida, consciente de una realidad palpable. Quiere huir y no puede. Acusa cuando ya es un ser excluido de la sociedad.

Tragedia en tres actos, La Casa de Bernarda Alba ha sido considerada como el drama formalmente más perfecto de todo el teatro español contemporáneo. Está dirigida contra nosotros mismos, contra nuestra cobardía, contra nuestro miedo a cambiar, a lo que no conocemos, a inventar nuevos caminos, a equivocarnos. No somos nosotros mismos porque no nos dejan.

La tensa atmósfera de pasión y tragedia que viven las hijas, la madre y la figura de Pepe el Romano es símbolo de pasión y de muerte. A su alrededor se agrupan las ansias de impotencia y callados rencores. Más allá, fuera de la casa, hay cantos de los segadores, vientos libres, cielo azul, vida sin trabas.

Hay una clara oposición entre la fuerza de la vida y el amor como elementos generatrices del mundo y las fuerzas negativas, alimentadas por una cadena de perjuicios ancestrales, que se enfrentan en una lucha a muerte. Cuando la fuerza de la sangre y del amor gana terreno, la reacción y la persecución se ciñen sobre ella.

 

 

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